jueves, 21 de diciembre de 2017

El año de las luces

Una vez más, por vigésimo sexta vez, llegó diciembre.
Es hora de pasar revista sobre este año y la verdad es que me resulta muy difícil encontrar las palabras correctas porque hay mucha "plancha" acumulada.

Es curioso que me resulte más complicado describir los momentos más intensos que los periodos de mayor inactividad y hastío.

Creo que no me alejo mucho de la verdad si digo que el 2017 ha sido uno de los años más convulsos y a la larga más relevantes de toda mi vida.
Durante estos ya casi 365 días tanto el ámbito profesional como el emocional, el económico y el sentimental se han removido.

Amistades que volvieron y otras que en realidad nunca se fueron.
Nuevo trabajo después de una larga espera y en el que conocí a buena gente.
Relaciones que pudieron ser pero tristemente se quedaron en nada.
Y el verano... El jodido verano. Creo que ha sido uno de los mejores que fue posible gracias a la mejor gente posible.
Este también ha sido el año del resurgir de este blog después de una larga travesía por el desierto. 

Tal vez, en realidad, no haya sido un mal año... Pero quizás sea mi manía por redondear el año en el tiempo de descuento o esta puta insatisfacción crónica que se ceba conmigo y que hace que los finales felices no encajen en mi diccionario.

Creo que la palabra que ha marcado el desenlace de cada circunstancia durante este año ha sido el término "tibio".
La tibieza ha sido mi talón de Aquiles y es que la verdad es que a menudo peco de tibio, al menos en apariencia.
Es algo innato en mi. Con el paso del tiempo fui desarrollando ese mecanismo de defensa en el que en los momentos importantes, cuando de verdad debo mostrar lo que siento, pongo un muro a mi alrededor y entonces resulto indiferente a los ojos de todas esas personas que de verdad me importaban... Y que aún me importan.

Con respecto a lo demás. Por fin tengo algo de dinero para cumplir algunos de mis objetivos a corto-medio plazo.
También he vuelto a sentirme útil y en ocasiones realizado.


Ahora que solo quedan unos días para el final de año pienso disfrutarlos como se merece. Ayudará bastante que estos días sean los correspondientes a la Navidad, esa fiesta que en mayor o menor medida siempre me encantó.
Puede que sea porque me hacen recordar, para variar, todos aquellos bellos momentos que el tiempo volvió obsoletos pero que en mis peores momentos conseguían que viera algo de luz.

Bueno, en fin. Quedan pocos días para el fin de año.
Ya hemos tenido mucho tiempo para arrepentirnos de todo lo que hemos hecho y de lo que no. De amar y de odiar, etc.
Creo que es tiempo de valorar todo lo que logramos. De disfrutar de todo lo que nos rodea y lo que nos rodean.
Es tiempo de sonreir por los momentos buenos que vivimos y omitir todo lo malo. 
Es tiempo de perdonar... Y perdonarse.

¡¡Feliz Navidad y un prospero año 2018!!